viernes, 11 de mayo de 2018

¿Muerte? Los lectores somos unos morbosos... #DivagandoEntreLibros 💀


¡Hola, peculiares💀

El post de hoy es un poco diferente, pero me apetecía compartirlo con vosotros. Si bien guarda relación con los libros (¡cómo no!), es una combinación entre opinión y artículo divulgativo. Creo que, aunque el contenido sea más denso que otras entradas, puede resultar interesante. Tengo que señalar que es un fragmento adaptado de mi Trabajo de Fin de Grado de la universidad (como ya os he mencionado alguna vez, se centraba en la literatura. ¡Típico de mí!). Creo que puede dar pie a una nueva sección…

Como ya dijo el poeta Benedetti, «después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida». Así, por naturaleza, la vida implica siempre un término, una consumación, un desenlace... la muerte; y este fin de la vida es un asunto que, desde el principio de los tiempos, ha estado presente, de una manera u otra, en cada una de las diferentes culturas. Tan patente es esta inquietud de los hombres por el final de la existencia que, época tras época, se ha puesto de manifiesto de muy diversas formas en sus expresiones artísticas: la pintura, la música, la escultura, el cine, la fotografía… y, cómo no, la literatura. Por algo seguimos enganchados a historias en las que se cargan a nuestros personajes favoritos, ¿no creéis? Cómo nos gusta sufrir, oye.

💀 La muerte en el arte

La pintura contiene una cantidad enorme de referencias sobre este asunto: Klimt plasmó en un lienzo la inquietante imagen de la muerte, vigilando de forma amenazadora a la humanidad; una maraña de personas que permanecen abrazadas, ajenas al cadavérico semblante de la parca en el óleo “Muerte y Vida”. Precisamente también son la vida y la muerte las que se entrelazan en la escena de Munch, “El baile de la vida”, en la que los rostros de los bailarines acaban convertidos en calaveras, haciendo alusión a su trágico e inevitable destino. Y de las pinceladas… a las notas musicales, poniendo a la muerte de nuevo como protagonista; Saint-Saëns y su “Danza macabra” así lo demuestran. Este compositor francés se inspiró en el poema de Henri Cazalis para describir un espectral baile de esqueletos al compás del violín; un poema sinfónico donde los muertos regresan a sus nichos después de pasar toda una noche bailando alrededor de las tumbas. Lo mismo sucede con los cadavéricos cuerpos de la composición de Honegger, los cuales, además de danzar, cantan. Como puede verse (¡y oírse!), cuadros y melodías sirven de soporte para plasmar el final de la vida.

La angustia por el final de la vida no solo se refleja en un campo intelectual, sino que se muestra también en ámbitos más populares: los cuentos, las fábulas, las tradiciones orales y la cultura de masas. Así, por ejemplo, un agonizante Freddie Mercury, con su “Show must go on”, se preguntaba para qué vivimos; el cantante de Queen afirmaba a ritmo de rock dejarlo todo al azar: angustias, amores fallidos… En “The greatgin in the sky”, el grupo Pink Floyd aseguraba no tener miedo a la muerte, ya que no existen razones para asustarse, pues puede llegar en cualquier momento; así, el inminente final de la vida y la tristeza se combinan en este tema del disco The Dark Side of the Moon. Lo mismo ocurre en la gran pantalla donde, en más de una ocasión, la muerte ha sido el personaje central de la historia o se le ha otorgado un gran peso en el argumento; desde El gabinete del doctor Caligari, de Robert Wiene, hasta El sexto sentido, de M. Night Shyamalan, pasando por La novia cadáver (¿qué os voy a decir? ¡Amor eterno a esta peli!), de Tim Burton, todas las obras guardan relación con el fin de la vida.

💔 El morbo de la tragedia en los libros...

Es evidente que la desgracia atrae al lector… y la mayor de las desgracias es la muerte. «Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada», así lo ilustraba Tolstoi en Anna Karenina. Por ello, la literatura se asocia muchas veces a la muerte. Una muerte, en ocasiones, idealizada; una muerte que da sentido a la obra en cuestión. Una muerte que, en numerosos casos, se entremezcla de una u otra forma con el amor, otorgando a la historia el interés necesario para atraer al lector. Así, amor y muerte son los ingredientes esenciales para el triunfo de muchas historias literarias. Qué le vamos a hacer, los lectores somos unos morbosos.

🤔 Pero ¿por qué la muerte tiene tanto éxito? A ver, es evidente que a nadie le interesa el amor feliz; es decir, «el amor feliz no tiene historia. Solo el amor mortal es novelesco; el amor amenazado y condenado por la propia vida», como aseguraba el sociólogo suizo Denis de Rougemont. 
Si no existen impedimentos, dificultades o inconvenientes, se crean. «Los inventan como a gusto, aunque sufran con ellos. ¿Sería, pues, para el placer del autor y del lector?» se preguntaba este historiador.

Pues mirad, respondiendo a este señor tan intrigado, yo creo que sí, que a los amantes de los libros nos gusta que a los personajes les ocurran cosas (cuanto más sorprendentes, mejor); por no hablar de lo mucho que les apasiona a algunos autores cargarse a estos personajes cuando ya les hemos cogido cariño… (¡malvados, que sois malvados!) Y, ¿sabéis? Uno de los grandes exponentes de esta temática de amor y muerte en la literatura occidental es el Roman de Tristan et Iseut; ya sabéis, la célebre historia de Tristán e Isolda. Este relato supone un prototipo; la exitosa fama del Roman de Tristan delata que los lectores sienten una gran predilección por el infortunio (qué bonitos quedan los desastres dicho así, ¿eh?). Vamos, que nos va mucho eso de que el autor meta a los personajes en aprietos.

Romeo y Julieta y Hamlet y Ofelia, de Shakespeare, Calisto y Melibea, de Fernando Rojas, el joven Werther de Goethe, la Madame Bovary de Flaubert… todos ellos personajes con aspectos en común: desdicha, sufrimiento, tragedia, muerte. Siglo tras siglo, los escritores han recurrido a los mismos elementos; la intemporalidad de ellos ha contribuido a que así sea; la muerte, por su belleza literaria, ha estado presente en infinidad de obras: como aspecto ineludible de la existencia humana, como elemento anhelado, como resultado de una pasión o como consecuencia de una heroicidad… También se ha abarcado desde distintos aspectos, a destacar el suicidio, el asesinato o, incluso, el retorno de los muertos al mundo de los vivos. Sea como fuere, no existe duda de que la muerte y su particular belleza son algo muy presente en la literatura.